MARCO TEÓRICO
ANTECEDENTES
El avance cualitativo y
cuantitativo de las mujeres en la actividad emprendedora alrededor del mundo,
representa un interesante factor a considerar dentro del desarrollo económico y
el progreso social (Minniti et ál., 2005, 2006a).
Dentro de la literatura empresarial, varios
son los conceptos que se han dado del empresario. Entre las primeras
concepciones se encuentran Kirzner (1997) y Schumpeter (1934), sin embargo, no
existe un consenso generalizado sobre el emprendedor dentro del campo del emprendimiento,
por tanto, se ha tomado la conceptualización que Begley y Boyd (1987) sugieren.
Estos autores argumentan que un emprendedor es aquel individuo que ha decido fundar
su propia empresa.
Según datos del
Instituto Nacional del Emprendedor, actualmente el 19% de los emprendedores del
país son mujeres, un número que se traduce en alrededor de 4 millones de
emprendedoras, nada despreciable si consideramos que en el año 1995 la cifra se
colocaba en 2.5 millones.
El crecimiento del emprendimiento femenino es una evolución natural en
el papel de la mujer en la fuerza laboral de nuestra sociedad. Éste ha sido un
fenómeno presente en la sociedad mexicana desde siempre: las mujeres mexicanas
son, por definición, emprendedoras. Para incrementar el ingreso de la familia,
no es extraño encontrar mujeres que hagan de su habilidad hogareña, una
herramienta de generación de valor.
BASES
TEÓRICAS
Debido a la incursión de la mujer
en el campo laboral, se crearon leyes en las constituciones políticas de
diversos países del mundo, con el objetivo de establecer igualdad y oportunidad
para el género femenino, además la mujer durante el siglo XX se introdujo en el
contexto político, ciudadano y laboral, logrando derechos civiles,
constitucionales y laborales, dejando el papel tradicional de ama de casa, para
establecer un equilibrio con el género masculino y ser competitivas (Egea,
s.f).
A pesar de las condiciones
inseguras de los trabajos informales en los que muchas de las ocasiones la
mujer labora, el trabajo denominado extra doméstico le permite “una
independencia económica”, que se transforma en satisfacción personal,
autocontrol, seguridad y autonomía, permitiéndole además aportar recursos
económicos al núcleo familiar (García y Oliveira, 2007). La autonomía de la
mujer es fundamental ya que impacta en aspectos sociales, culturales, laborales
y económicos, lo que le permite su desarrollo personal.
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