domingo, 12 de mayo de 2019

ANÁLISIS Y ABSTRACCIÓN DE INFORMACIÓN


MARCO TEÓRICO

ANTECEDENTES

El avance cualitativo y cuantitativo de las mujeres en la actividad emprendedora alrededor del mundo, representa un interesante factor a considerar dentro del desarrollo económico y el progreso social (Minniti et ál., 2005, 2006a).

Dentro de la literatura empresarial, varios son los conceptos que se han dado del empresario. Entre las primeras concepciones se encuentran Kirzner (1997) y Schumpeter (1934), sin embargo, no existe un consenso generalizado sobre el emprendedor dentro del campo del emprendimiento, por tanto, se ha tomado la conceptualización que Begley y Boyd (1987) sugieren. Estos autores argumentan que un emprendedor es aquel individuo que ha decido fundar su propia empresa.

Según datos del Instituto Nacional del Emprendedor, actualmente el 19% de los emprendedores del país son mujeres, un número que se traduce en alrededor de 4 millones de emprendedoras, nada despreciable si consideramos que en el año 1995 la cifra se colocaba en 2.5 millones.

El crecimiento del emprendimiento femenino es una evolución natural en el papel de la mujer en la fuerza laboral de nuestra sociedad. Éste ha sido un fenómeno presente en la sociedad mexicana desde siempre: las mujeres mexicanas son, por definición, emprendedoras. Para incrementar el ingreso de la familia, no es extraño encontrar mujeres que hagan de su habilidad hogareña, una herramienta de generación de valor.


BASES TEÓRICAS
Debido a la incursión de la mujer en el campo laboral, se crearon leyes en las constituciones políticas de diversos países del mundo, con el objetivo de establecer igualdad y oportunidad para el género femenino, además la mujer durante el siglo XX se introdujo en el contexto político, ciudadano y laboral, logrando derechos civiles, constitucionales y laborales, dejando el papel tradicional de ama de casa, para establecer un equilibrio con el género masculino y ser competitivas (Egea, s.f). 

A pesar de las condiciones inseguras de los trabajos informales en los que muchas de las ocasiones la mujer labora, el trabajo denominado extra doméstico le permite “una independencia económica”, que se transforma en satisfacción personal, autocontrol, seguridad y autonomía, permitiéndole además aportar recursos económicos al núcleo familiar (García y Oliveira, 2007). La autonomía de la mujer es fundamental ya que impacta en aspectos sociales, culturales, laborales y económicos, lo que le permite su desarrollo personal.

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